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El Santo predicador de Avila advierte a un religioso sobre los peligros y engaños de buscarse consuelos y consejo fuera de Dios y elogia la obediencia y la renuncia a la propia voluntad

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San Juan de Avila Patrono de los Sacerdotes de España

San Juan de Avila Patrono de los Sacerdotes de España

EL VERDADERO CONSUELO ESPIRITUAL

CONSEJOS DE SAN JUAN DE AVILA, patrono de los Sacerdotes de España  A RELIGIOSO QUE BUSCA CONSUELOS

Carta a un religioso que muda a la Compañía de Jesús

“Aunque la respuesta a su carta va tarde, la alegría que esa carta me dio no fue ni tardía ni pequeña, pues en ella vi cumplido lo que deseaba acerca de su asiento en esa Compañía que tiene a Jesús por Patrón. Gracias a Él por los dones que concede a los hombres, cuyo amor para con ellos es tanto, que parece que le va en ello la vida.

“Ya sabe Ud. El dicho del Señor por boca del Eclesiástico, en que nos manda que aparejemos nuestra alma para la tentación y que estemos con temor y justicia (Eclo 2,1). Y aunque, por la misericordia de Dios, no comienza ahora a servirle, pues hace tiempo que conoce al Señor o, por mejor decir, según el dicho de San Pablo, es conocido por Él (cf 1Cor 8,3); pero , porque toma nueva compañía y nuevo modo exterior, le es necesario tomar dichas palabras como dichas a su propósito, porque toda mudanza suele turbar algo, y es cosa que puede desasosegar incluso a los que están muy sobre aviso. Se junta a esto el tener a quien obedecer, que es otra cosa asaz nueva para quien no está acostumbrado. Y por estas y por otras causas estoy receloso de que nuestro antiguo enemigo va a trabajar para tentarlo y derribarlo y hacerlo volver atrás; y por eso conviene velar y orar (Mt 26,41), según la palabra del Señor, y mirar con sutil vista los movimientos del corazón, que el enemigo causa con semejanza de Espíritu bueno, y es tan dificultoso que un hombre conozca los senos de su corazón, que, si no hay mucho cuidado y luz del cielo, a cada paso será engañado, pensando que acierta.

El verdadero consuelo espiritual

“Fúndese vuestra reverencia en no buscar su consuelo, aun en aquello que le parece que lo quiere por Dios; porque esto ha echado a perder a muchos sin sentirlo, hasta que, al cabo de cierto tiempo, vieron en los resultados que era voluntad propia lo que pensaban que era de Nuestro Señor. Y digo esto porque leí en su carta esta palabra de “buscar consuelo”, y me da alguna congoja, temiendo los frutos tan tristes que de esta raíz suelen nacer. Crea, Padre, que rara vez es verdadero el gozo aquél al que no precede tristeza o trabajo, ni verdadera confianza aquella a la que no precedió temor, ni hay verdadero consuelo, sino cuando uno se ha ofrecido a tomar por consuelo el desconsuelo y hacer entrar su voluntad por el espíritu de contrariedad, pasando por aquella muerte de negarse por el solo amor del Crucificado. Y si en este mundo algunos gozan del consuelo de Dios, pasan por aquí, y lo aceptan sin escrúpulo, porque no está en lo que ellos quisieron, sino en lo que no quisieron. Y después de haberse postergado a sí mismos, encontraron delante de sí y dentro de sí al Bendito Señor, que no se da sino a cambio de dársele el hombre;  y entonces descansa el hombre, porque está Dios en el hombre y no él, y descansa Dios en el hombre, porque, echado fuera de su casa el hombre, no hay con quien tenga Dios que reñir, y se está en paz.

“Atrévase, Padre, a morir y hallará la vida. Crea que tras las espinas está Cristo, y ciertamente lo hallará; pues se clavó en la cruz con tanta perseverancia, que, aunque su cuerpo fue quitado de ella, su amor no, para darse de muy buena gana a quien en ella le buscare. Pero quiere ser buscado con fe, que no en balde dijo San Bernardo que es indigno del consuelo celestial el que busca a Dios con afecto dudoso. Está ciertamente tras los trabajos; está tras la negación del propio parecer y voluntad, y si se toma con fe y sosiego, el Señor se descubre ciertamente de modo tan manifiesto, que el hombre queda espantado. ¡Qué amigo es el Señor de los que por Él se olvidan de sí mismos, y qué leal en consolar a los cansados del mucho trabajo, y qué bien guía a los que no se quieren guiar a sí mismos!

La experiencia de Dios fruto de la obediencia

“Por lo tanto, Padre, no ponga los ojos en esto ni en aquello, ni crea que Cristo está en la soledad ni en la compañía, en los caminos ni en el sosiego, en la celda ni en la plaza, si se lo toma por propia voluntad. Aprovéchese de la obediencia a la voluntad ajena y probará que anda Dios en la tierra para responder a nuestras dudas, para encaminar nuestra ignorancia, para darnos fuerza para aquello que, si lo obramos por nuestra voluntad, no tendríamos fuerza para hacerlo; y probará que todas las cosas son posibles para el que cree (Mc 9,22). Esto no es un negocio de la carne, esto no lo ve el sentido del hombre. Esta sabiduría está escondida a los ojos de todos los vivientes y también a las aves del cielo (cf Job 28,21). No se halla en la tierra de los que se destierran de sus contentamientos, ni la alcanzan los que tienen sus ojos abiertos, ni la consiguen los que, a los primeros golpes que reciben de las contrariedades en su voluntad, vuelven la espalda y dejan el campo, haciendo creer que nuestro Señor no quiere aquello, y la verdadera raíz es que no lo quieren ellos. Este camino pide obras y fe. Arrojarse en Cristo con los ojos cerrados y, a semejanza del creyente Abrahán, ir tras Dios, sin saber a dónde iba. Esta es la generación de los que verdaderamente buscan a Dios y verdaderamente lo encuentran (cf. Sal 24,6), y camine por aquí su reverencia sin escuchar a los que en este camino te ponen piedra de tropiezo (cf. Sal 24,6; Eclo 32,25), los cuales, como saben que este camino es el de la verdad, y ellos no se mantuvieron en la verdad (cf. Jn 8,44), procuran traer tantos argumentos para hacer vacilar en él, que según he dicho, fácilmente engañan a los inexpertos y a los no alumbrados con la luz celestial.

“A esta verdad conviene arrimarse y, fundados en ella, caminar adelante, aunque el consuelo celestial se nos esconda; lo cual hace desfallecer a muchos y tomarlo por argumento de que su camino no es el bueno. La estrella se escondió a los Magos, y no por eso se volvieron atrás; y si lo hubieran hecho, se encontrarían muy frustrados, porque habrían perdido lo trabajado y no hubieran visto al Señor. Si le vienen sequedades, espere en el Señor; si su pensamiento le prometiere más fruto en otra parte, dígale que qué sabe él de eso, puesto que es cosa tan incierta al humano juicio, y que el camino más cierto para acertar a conocer el parecer de Dios no es creerse el hombre a sí mismo; y así vaya adelante, con fe y religioso temor, para que ni las dificultades le derriben ni la prosperidad le ensalce. Sacrifíquese a nuestro Señor, que por ti murió (Cf. 2Cor5,15). Y esto sea su cuidado, cómo se mortificará más y más cada día por Él.

Y este cuidado no lo pierda por aprovechar a otros; porque suelen muchos atreverse a esto, y se quedan sin aprovecharse a sí ni a los otros, pues de la negligencia que en sí mismos tienen, quedan secos y débiles, y de aquí se sigue no poder encender ni infundir ánimo a los otros.

El bien del hombre está en Dios

“Y para estas cosas es el hombre insuficiente, pero el conocerse a sí y el conocimiento de que nuestro remedio está en Dios será el medio para que seamos remediados, llamando de corazón al Señor, en quien está nuestro bien, pues Él manda que le llamemos en la tribulación (Sal 50,15); y no hay otro que merezca este nombre, sino el que ayuda nuestra propia flaqueza, y aquella en la que nos ponen nuestros espirituales enemigos. Prometido está el maná al que venza (Ap. 2,17). Determínese su reverencia a vencer o a morir, y esté muy lejos de su pensamiento el volverse atrás, pues el camino de los justos crece como el sol de bien en bien hasta el día de la eternidad (cf. Prov. 4,18), que todo cuanto se pase como precio de ésta es poco.

Cristo, que reina eternamente, pelee por su reverencia y le saque en todo victoriosos para perpetua Gloria Suya. Amén.

De Córdoba, día de la conversión de San Pablo, de 1550.

Siervo de vuestra reverencia,

Juan de Ávila

Tag(s) : #ESCRITOS-PREDICAS-ENSE
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